El autor inicia con la analogía del faraón y posteriormente
trata de diferenciar, lo que es estar al móvil y lo que es estar al teléfono,
esta perspectiva de estar siempre al pendiente de ¡si hay! o no cobertura, así
mismo la angustia, que se genera cuando una persona no contesta; y si a esto le
aunamos que en la actualidad, la forma para comunicarse es atreves de mensajes
escritos, en los cuales no expresamos y comunicamos de forma diferente a la que
halamos, el dispositivo móvil o celular juega otro tipo de papales, como
calculadora, para no quemarnos el cerebro, un dispositivo portátil de
videojuegos, así también como cámara
fotográfica y de video para plasmar todas nuestras acciones amorosas,
vergonzosas y en aquellos viajes que según nosotros nunca olvidaremos, y si a
esto le aunamos las aplicaciones de redes sociales, donde normalmente acaban
nuestras fotos y videos, con todo esto que ofrece el dispositivo móvil, tenemos
un aparato que absorbe nuestra vida de cierta forma.
Me causa gracia el ejemplo de la madre que pregunta a su
hijo ¿Dónde estas?, esta cuestión de la movilidad y la facilidad de responder
donde quiera que uno se encuentre, siempre y cuando halla cobertura, la
facilidad en ocasiones de engañar o dar mal la información con respecto a donde
se encuentra uno. La forma en que concibe el autor esta forma de preguntar le
¿Dónde estas?, y lo que pasaría a ser,
“Pues bien, habría que admitir que el no-lugar objetivo, el lugar
utópico (literalmente: utopía quiere decir «en ningún lugar»)” (Ferraris :41).
Los no lugares como, el lugar en el cual se encuentra una persona al contestar,
y depuse ya no se encuentra.
Así mismo el autor menciona que, “Comunidades tradicionales
que miran con suspicacia, o incluso rechazan, el frigorífico (como los mormones)
o la televisión. Los pobres tradicionalmente quedan excluidos del acceso a las
tecnologías avanzadas. Por lo menos con el móvil no es así: se puede tener un
móvil sin poseer una casa, es más, se puede tener uno porque se carece de casa.
EI bien móvil por excelencia puede prescindir de inmuebles, aunque su
propietario pueda hacerlo con mayor dificultad”, (Ferraris :47). En muchas
ocasiones nosotros como antropólogos podemos vislumbrar lo que menciona el
autor, llegamos a comunidades indígenas, marginadas o pobres, el las cuales
podemos observar como la gente utiliza este aparato y muchas también que se
niega a usarlo, siendo la gente de la tercera edad la que mayormente se
resiste.
“Como la muerte en Heidegger, el teléfono móvil es sólo
nuestro: nadie en principio, se entiende puede responder al móvil de otro,
igual que nadie puede morir en lugar de otro, ya que el móvil, como la muerte,
es una propiedad individual que nos sigue como una sombra” (Ferraris :47). Un
ejemplo de lo anterior seria alguien puede llamar al móvil de Fulano para
hablar con Mengano, Y en cuanto a utilizar el móvil de otro, aunque sólo sea
para responder, está en juego la familiaridad, la confianza, casi la intimidad
(es como utilizar el cepillo de dientes de otro o, puesto que está lleno de
datas, como hurgar en un bolso o en un cajón).
Al mismo tiempo en que un móvil es muy personal, este ayuda
de cierta forma a que la demás gente no encuentre de cierta forma, tal ves para
preguntar por la tarea, algún trabajo etc., pero que pasa cuando por x o y
razón no estas disponible (celular apagado, si cobertura, desvió de llamadas
etc.,) la persona que te esta llamando empieza a imaginar por que no le
contestas relacionándolo quizás con actividades que realices, pero cuando
desconoce lo que haces, por ende viene el reclamo ¡por que no contestabas tu
celular cuando te marque!.
Para mucha gente en el teléfono móvil esta su vida y en
muchas ocasiones podemos ver que se nos olvida, en la casa desde una pluma, una
libreta, un libro, alguna prenda de vestir y cuando te das cuenta mencionas
¡híjole se me olvido…..! Y la acción es seguir por que llevas prisa, pero
cuando se te olvida el celular, corres a tu casa para encontrarlo, y salir
corriendo por que se te hace tarde, un ejemplo aun pero seria cuando pierdes
una prenda de vestir, un libro, mencionas ¡ya lo perdí ya ni llorar es bueno!,
pero cuando se te pierde tu celular empiezas ¡oye amigo márcame que no
encuentro mi celular!, si lo encuentras te sientes aliviado pero si no,
mencionas ¡es que aquí lo tenia!, ¡como se me pudo haber perdido!, ¡no es que
hay va mi vida! Y lo siguiente es llamar a ver si un alma caritativa, una buena
persona lo encontró y te lo regresa.
He aquí la gran dependencia que tenemos hacia un pequeño
aparato.
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