El estudio de la cibercultura está relacionado
particularmente con las construcciones y reconstrucciones culturales en las que
las nuevas tecnologías están basadas y a las que a su vez ayudan a tomar forma.
Toda tecnología emerge de unas condiciones culturales
particulares y de forma concomitante ayuda a producir otras.
Como una forma de "ciencia aplicada", a la
tecnología se le ubica por fuera de la sociedad, se le considera autónoma, y se
le señala como valorativamente neutral.
La tecnología no es calificada ni como buena o mala, ésta no
puede ser culpada por los usos que los humanos le han dado o le dan.
La teoría subyacente
a estas consideraciones es que la ciencia y la tecnología inducen el progreso
de manera autónoma -una creencia representada por la metáfora de "la
flecha del progreso"-. Extendida por estudios en variadas disciplinas, la
flecha del progreso personifica un evolucionismo determinista que va desde la
ciencia a la tecnología, a la industria, al comercio y, finalmente, al progreso
social.
La tecnología como independiente de los contextos
socioeconómicos y políticos se encuentran la aparición de la "gran
ciencia", la difusión de una conciencia sobre los efectos negativos de las
tecnologías nucleares e industriales -y el consecuente surgimiento de
movimientos a favor de tecnologías apropiadas, y la aparición de una clase de
expertos en ciencia, en políticas tecnológicas y en su evaluación.
Es ampliamente sostenido que los estudios de ciencia y
tecnología han alterado radicalmente los enfoques pasados sobre la tecnología,
desplazando así la concepción lineal del cambio tecnológico y posibilitando la
apertura de sólidos programas de investigación que están dando como resultado
una verdadera renovación teórica.
Los sociólogos y los historiadores. Con el objetivo de
estudiar la ciencia y la tecnología como una construcción social, estos
académicos han comenzado a investigar laboratorios y grupos de tecnólogos y han
visto con nuevos ojos sus archivos históricos.
Las innovaciones tecnológicas, han dado un golpe contundente
a la alegada distancia entre la tecnología y la sociedad y entre éstas y la
naturaleza. La creencia más generalizada es que los sistemas de ciencia y
tecnología son regulados a través de acuerdos técnico-sociales flexibles que,
dentro de ciertas limitantes estructurales, propician acuerdos sociales
alrededor de ciertos desarrollos.
El constructivismo social ha introducido innovaciones conceptuales
sugerentes, como la noción de "flexibilidad interpretativa". Ésta
corresponde al hecho bien conocido entre los antropólogos, de que los
diferentes actores (categoría equivalente en el lenguaje constructivista a
"grupos sociales relevantes"), interpretan los artefactos de diversas
maneras.
El análisis
corresponde a la identificación de los grupos sociales relevantes, la
variabilidad en sus interpretaciones sobre la entidad técnica en cuestión, y
los mecanismos por los cuales dicha variabilidad es reducida alrededor de una
opción dada.
Investigación es un modelo evolutivo del cambio tecnológico
con múltiples caminos y niveles. En la "teoría de actor-red" de
Michel Callon y Bruno Latour, la investigación y el desarrollo son estudiados
de manera similar; en especial, en lo que concierne a las estrategias con que
los actores humanos y no humanos-pugnan alrededor de la identificación de los
problemas a solucionar (Sanmartín y Luján, 1992).
La cibercultura está fomentando una reformulación de la
naturaleza de la modernidad en formas que ya no están mediadas solamente por
consideraciones literarias y/o epistemológicas.
De acuerdo con Michel Foucault (1973), el período moderno
trajo consigo órdenes particulares de la vida, el trabajo y el lenguaje,
encarnados en la multiplicidad de prácticas por medio de las cuales la vida y
la sociedad son producidas, reguladas y articuladas por los discursos
científicos.
La ciencia moderna necesariamente construye
("encuadra" / "enframes") la naturaleza como algo que debe
ser apropiado, algo cuya energía debe ser liberada para propósitos humanos.
Este es "el peligro en el sentido último", al punto de que este
encuadramiento lleva a actividades destructivas y, particularmente, a la
desaparición de otras formas fundamentales de revelar la esencia de ser
("poiesis").
La Tecno-socialidad
(Stone, 1991), considerado como un proceso de construcción sociocultural puesto
en acción en el despertar de las nuevas tecnologías; las biotecnologías están
dando lugar a la bio-socialidad (Rabinow, 1992a), un nuevo orden para la
producción de vida, de naturaleza y del cuerpo a través de intervenciones
tecnológicas fundamentadas en la biología. Estos dos regímenes forman la base
de lo que yo llamo cibercultura.
la cibercultura se origina en una bien conocida matriz
social y cultural de la modernidad, aunque ésta se oriente hacia la
constitución de un nuevo orden- el cual aún no podemos conceptuar, pero que
debemos tratar de entender- a través de la transformación de los posibles tipos
de comunicación, trabajo y formas de ser. La modernidad constituye el
"trasfondo de entendimiento".
Como David Hess lo argumenta,
el efecto de tecnologías cosmopolitas en grupos del Tercer Mundo aún permanece
poco estudiado, especialmente desde el punto privilegiado de las políticas
culturales que éstas ponen en movimiento. Aquí se incluyen temas como la
destrucción cultural, la hibridación, la homogenización, y la creación de
nuevas diferencias a través de formas de conexión fomentadas por las nuevas
tecnologías -sin duda un aspecto de lo que Arjun Appadurai denomina
"etno-espacios" (ethnoscapes) globales (Appadurai, 1991).