viernes, 24 de agosto de 2012

Notas para una Antropología de da cibercultura


El estudio de la cibercultura está relacionado particularmente con las construcciones y reconstrucciones culturales en las que las nuevas tecnologías están basadas y a las que a su vez ayudan a tomar forma.
Toda tecnología emerge de unas condiciones culturales particulares y de forma concomitante ayuda a producir otras.
Como una forma de "ciencia aplicada", a la tecnología se le ubica por fuera de la sociedad, se le considera autónoma, y se le señala como valorativamente neutral.
La tecnología no es calificada ni como buena o mala, ésta no puede ser culpada por los usos que los humanos le han dado o le dan.
 La teoría subyacente a estas consideraciones es que la ciencia y la tecnología inducen el progreso de manera autónoma -una creencia representada por la metáfora de "la flecha del progreso"-. Extendida por estudios en variadas disciplinas, la flecha del progreso personifica un evolucionismo determinista que va desde la ciencia a la tecnología, a la industria, al comercio y, finalmente, al progreso social.
La tecnología como independiente de los contextos socioeconómicos y políticos se encuentran la aparición de la "gran ciencia", la difusión de una conciencia sobre los efectos negativos de las tecnologías nucleares e industriales -y el consecuente surgimiento de movimientos a favor de tecnologías apropiadas, y la aparición de una clase de expertos en ciencia, en políticas tecnológicas y en su evaluación.
Es ampliamente sostenido que los estudios de ciencia y tecnología han alterado radicalmente los enfoques pasados sobre la tecnología, desplazando así la concepción lineal del cambio tecnológico y posibilitando la apertura de sólidos programas de investigación que están dando como resultado una verdadera renovación teórica.
Los sociólogos y los historiadores. Con el objetivo de estudiar la ciencia y la tecnología como una construcción social, estos académicos han comenzado a investigar laboratorios y grupos de tecnólogos y han visto con nuevos ojos sus archivos históricos.
Las innovaciones tecnológicas, han dado un golpe contundente a la alegada distancia entre la tecnología y la sociedad y entre éstas y la naturaleza. La creencia más generalizada es que los sistemas de ciencia y tecnología son regulados a través de acuerdos técnico-sociales flexibles que, dentro de ciertas limitantes estructurales, propician acuerdos sociales alrededor de ciertos desarrollos.
El constructivismo social ha introducido innovaciones conceptuales sugerentes, como la noción de "flexibilidad interpretativa". Ésta corresponde al hecho bien conocido entre los antropólogos, de que los diferentes actores (categoría equivalente en el lenguaje constructivista a "grupos sociales relevantes"), interpretan los artefactos de diversas maneras.
El  análisis corresponde a la identificación de los grupos sociales relevantes, la variabilidad en sus interpretaciones sobre la entidad técnica en cuestión, y los mecanismos por los cuales dicha variabilidad es reducida alrededor de una opción dada.
Investigación es un modelo evolutivo del cambio tecnológico con múltiples caminos y niveles. En la "teoría de actor-red" de Michel Callon y Bruno Latour, la investigación y el desarrollo son estudiados de manera similar; en especial, en lo que concierne a las estrategias con que los actores humanos y no humanos-pugnan alrededor de la identificación de los problemas a solucionar (Sanmartín y Luján, 1992).
La cibercultura está fomentando una reformulación de la naturaleza de la modernidad en formas que ya no están mediadas solamente por consideraciones literarias y/o epistemológicas.
De acuerdo con Michel Foucault (1973), el período moderno trajo consigo órdenes particulares de la vida, el trabajo y el lenguaje, encarnados en la multiplicidad de prácticas por medio de las cuales la vida y la sociedad son producidas, reguladas y articuladas por los discursos científicos.
La ciencia moderna necesariamente construye ("encuadra" / "enframes") la naturaleza como algo que debe ser apropiado, algo cuya energía debe ser liberada para propósitos humanos. Este es "el peligro en el sentido último", al punto de que este encuadramiento lleva a actividades destructivas y, particularmente, a la desaparición de otras formas fundamentales de revelar la esencia de ser ("poiesis").
La  Tecno-socialidad (Stone, 1991), considerado como un proceso de construcción sociocultural puesto en acción en el despertar de las nuevas tecnologías; las biotecnologías están dando lugar a la bio-socialidad (Rabinow, 1992a), un nuevo orden para la producción de vida, de naturaleza y del cuerpo a través de intervenciones tecnológicas fundamentadas en la biología. Estos dos regímenes forman la base de lo que yo llamo cibercultura.
la cibercultura se origina en una bien conocida matriz social y cultural de la modernidad, aunque ésta se oriente hacia la constitución de un nuevo orden- el cual aún no podemos conceptuar, pero que debemos tratar de entender- a través de la transformación de los posibles tipos de comunicación, trabajo y formas de ser. La modernidad constituye el "trasfondo de entendimiento".
Como David Hess  lo argumenta, el efecto de tecnologías cosmopolitas en grupos del Tercer Mundo aún permanece poco estudiado, especialmente desde el punto privilegiado de las políticas culturales que éstas ponen en movimiento. Aquí se incluyen temas como la destrucción cultural, la hibridación, la homogenización, y la creación de nuevas diferencias a través de formas de conexión fomentadas por las nuevas tecnologías -sin duda un aspecto de lo que Arjun Appadurai denomina "etno-espacios" (ethnoscapes) globales (Appadurai, 1991).

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